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Una oreja en Pamplona que sabe a gloria

Publicado en 8 julio por en Prensa, Sin categoría

Que los toreros están hechos de otra pasta, es algo que sabe todo el mundo. Pero es que lo de Román es algo sobrenatural.

Que un Cebada Gago le propine una monumental paliza (en los primeros momentos se presagiaba cornada de las fuertes) y que en contra de los médicos, vuelva al ruedo para matar su segundo toro, es algo que solo puede hacer quien quiere ganarse el triunfo con sangre, sudor y lágrimas.

Porque sangre hubo en el primer Cebada del lote de Román, “Adelantado” con casi 6 años y 565 kg al que recibió de rodillas capote en mano. Con la muleta fue una faena de poder a poder. No quería Román que se le escapase el triunfo de su debut en Pamplona como matador de toros, porque como novillero ya toreó años ha.

Remató con unas ajustadísimas manoletinas. Sabía Román que estaba acariciando la gloria.

Pero la voltereta que le causó una conmoción cerebral con pérdida de memoria en la enfermería, fue al entrar a matar. Sabe Román que el estoque es su talón de Aquiles y se tiró como un león sobre el astado que quiso defenderse atacando al torero valenciano.

Apareció el capotillo de San Fermín que se hizo patente en las manos de Raúl Martí con un quite que le salvó de sufrir un mal mayor.

Oreja pidió el respetable y fue concedida por el Presidente. Román la paseó con su enorme sonrisa. Estaba feliz Román, aunque su vestido estaba hecho trizas.

Del centro del ruedo, a la enfermería. Allí pasó un rato y allí perdió la memoria. Sufrió una conmoción cerebral, pero el asta del toro no atravesó afortunadamente su pecho.

Los médicos no le daban permiso para volver al ruedo para enfrentarse a su segundo toro, el famoso “Punterito”, el número 80 que tres corneados dejó en el encierro matutino con 630 kg. Casi ná.

Pero Román, como si fuera un niño chico que quiere salirse con la suya, hizo oídos sordos a las recomendaciones médicas y volvió al Coso de La Misericordia con una sonrisa de oreja a oreja y dispuesto a rematar su tarde.

Pero se encontró a una prenda que poco o nada le ayudó a triunfar. Pero su actitud, sus ganas y su valor, quedaron patentes. Y una mano izquierda prodigiosa que fue lo mejor en el que cerraba Plaza. Una ovación escuchó en el segundo de su lote.

Con mucha ilusión se presentaba Román en Pamplona y si la tradición se mantiene, debería volver el próximo año.

Que así sea.

Les dejo varias crónicas de los diferentes medios de comunicación:

Cultoro

JAVIER FERNÁNDEZ-CABALLERO

Román corta una oreja a un complicado “cebada” tras una fuerte voltereta

“Adelantado”, de Cebada Gago, llevaba por nombre el tercero, número 36, negro listón, nacido en diciembre de 2011. Por verónicas de rodillas recibió Román al animal. Santiago Morales “Chocolate” ejecutó el puyazo este primero del lote del valenciano. Pablo Simón dejó el primer par de banderillas, clavando sólo una. El Sirio fue el encargado de entrar en segundo lugar, pero no lo colocó porque el animal perdió las manos en el momento del embroque. Todo ello ante la lidia del valenciano Raúl Martí, ante un capote que mimó mucho el viaje del de Cebada. Al público fue el brindis del levantino, comenzando labor tanteando al astado hasta llevárselo a los medios. La embestida descompuesta del animal y que cabeceaba no fue nada fácil para que el valenciano le hiciese frente. Necesitaba lidia y domeño el de Cebada, algo que no le dio Román. Por manoletinas fue el final. Mató de estocada recibiendo un volteretón en el que el toro le metió el pitón por el pecho. Momento de angustia que condicionó la oreja que se le concedió.

“Punterito”, de capa cárdena, era el sexto de la tarde, un animal que sembró el pánico en la calle Estafeta durante el encierro. Sabía perfectamente dónde estaban los toreros, entrando Raúl Martí dejando un buen primer par de banderillas. El tercero El Sirio dejó el segundo par ante el capote efectivo de Pablo Simón, haciéndolo mejor que de salida el animal de Cebada Gago. Con la sonrisa en la boca brindó al respetable Collado, comenzando faena ante un animal que no descolgó en todo momento. Por la izquierda apostó Román, pero fue imposible. Se la dejó bien al natural, teniendo un recorrido algo mayor, pero no fructificó su labor. Mató de estocada un punto tendida.”

Cultoro

MARCO A. HIERRO 

“Las herramientas y el casco

Nadie le ha enseñado a Román a manejar su valor. Lo tiene porque le vino de serie, innato, inconsciente. No necesita llamarlo para que aparezca de inmediato. Por eso no duda en echarse de rodillas para pegarle una larga cambiada a la desentendida salida del tercero, y soplarle luego verónicas de rodillas donde el animal le enseñaba la escasa entrega pasando por allí como el que va al mercado; delantales le invitó después a tomar sin que el toraco se enterase demasiado y hasta se echó el capote a la espalda de salida, todo ello sin brillo, pero sí con la conexión del que quiere comunicar una actitud. Poco más.

Porque el valenciano tiene herramientas para no rehuir nunca la pelea, para enzarzarse en la reyerta a navajazos si es preciso y para ligar y ligar a como dé lugar, esperando que se temple el de la rápida embestida cuando se le vaya yendo la gasolina del motor. Y busca las herramientas en su caja Román para fijar con el doble toque la arrancada díscola, para asentarse firme y dejar que pase en el intento de gobernar las series. Esas herramientas las conoce, pero no habló hoy de torear porque sus mayores hitos se han fraguado con un ‘ay’. Y cuando lo cogió para reventarlo ese tercero, ya con la espada hasta los gavilanes, el dramatismo del momento valió una oreja a las magulladuras. Porque pudo pasearla de milagro, visto dónde golpeó el pitón, que pudo traspasarle el pecho y se quedó en varetazo. Fue entonces cuando se acordó Román de que con la corrida de hoy era imprescindible el casco.”

Burladero

Libertad Fernández

“Gran debut de Román en los “sanfermines”

Román que inicia en tablas con largas cambiadas de rodillas rematando con una buena media. Justo en varas. Brinda al respetable. Faena de profundidad y de tesón ante un buen astado que transmitió y permitió buenas series por ambos pitones y al que supo respetar los tiempos manoletinas ajustadísimas. Estocada en lo alto, al entrar a matar es prendido. Oreja y aplausos en el arrastre. justo en varas. Con el sexto Román lleva a cabo una faena de perseverancia, tesón y buen entendimiento. Cuaja buenas series con la izquierda que embaucan a los tendidos. Estocada caida y descabellos. Silencio”

El mundo

Zabala de la Serna

“Una estocada dramática de Román

Los cinco años pasados del tercero le conferían una seriedad a su expresión tremenda. Su negritud se aclaraba entrepelada en la testuz. Las puntas afiladísimas la coronaban. Su comportamiento se agravaba por la edad. Nada fácil. Ni por la manera de soltar la cara, ni por sus miradas, ni por su ritmo desigual. Román demostró un valor sordo. Para esperarlo cuando se venía andando y tragar cuando aceleraba. Otro cierre por manolas elevó la temperatura. Que adquirió rango de incendio por el volteretón en el volapié. Atacó con rectitud de lanza el joven debutante valenciano. El pitonazo al pecho lo sacudió en el aire con estruendosa violencia. San Fermín obró el milagro en el suelo. El puñal del cuerno silbó la nuca. La espada se había hundido hasta los gavilanes. Román, medio grogui y sin chaquetilla, observó la muerte ajena como una victoria. Que se materializó en la emotiva oreja. El dramatismo de la estocada había estremecido los tendidos hasta el silencio asustado y la pañolada feliz.

Volvió Román de la enfermería con el ánimo intacto y un parte de traumatismo cráneoencefálico. Le esperaba el tal Punterito que había sembrado el pánico en las calles. Ese cuello cargado de instinto que sacó a pasear por la mañana era como si hubiera crecido hacia arriba por la tarde. Tan montado y ensillado. Otro cebada difícil que embestía por el palillo. Y por dentro. Román no renunció con su actitud inquebrantable y sus valerosos deseos a cuestas. Incluso corrió la mano con mérito al natural. Metió el brazo con habilidad para finalizar su esfuerzo. Y recogió una ovación de despedida.”

La Razón

Patricia Navarro

“Román, los segundos del miedo

Exigía el tercero. Agresivo de cara. Enseñando las puntas. Una melodía difícil de interpretar en la muleta de Román. Esos detalles que no trascienden con facilidad y menos con el incesante ruido que tiene la plaza de Pamplona sólo sostenido con la merienda del cuarto. Debutaba Román y no fue un paseo precisamente. Colocó el Cebada bien la cara en el primer tramo del viaje. Si la foto se quedara ahí, sería perfecta. Pero lo duro venía después. Pesaba una barbaridad por dentro el toro, se descontrolaba con aspereza el animal, se violentaba. Quiso Román. Pero el drama y les aviso que el corazón ya no aguanta, que la sombra de Fandiño sigue siendo alargada, nos sobrecogió al entrar a matar. Qué manera de atraparle. De destrozarle en la arena. Y qué manera de devolverle la vida para dejarle indemne. Un trofeo paseó Román y fue justo en ese momento cuando recuperó la sonrisa. En esa estocada iba una vida y la cruzó en línea recta.

Largo e imponente fue el sexto toro de la tarde. Un tren en su inmensidad. Serio en su estética y en su manera de embestir. Descolgó más por el izquierdo y hubo una tanda en la que Román le cogió el aire y fluyó el toreo con este toro encastado y exigente pero con sus cosas dentro. Era uno de esos animales que delimitaba muy bien la línea de los valientes. Pocos eran capaces de estar ahí. Se buscó Román por uno y otro pitón y cumplió en su paso sanferminero. Quiso el torero. Y el capotillo de Sanfermín. Bendecido queda.”

El País

Antonio Lorca

“Román es un sonriente torero de goma

Decididamente, Román es un torero de goma. No es fácil que este hombre pierda la sonrisa, pero la voltereta que sufrió al entrar a matar al tercero fue para que se le quedara helada de por vida. Se perfiló ante la cara desafiante de un animal con muy malas pulgas, y cuando enterró el estoque en el morrillo, el toro alargó su astifino pitón derecho con la descarada intención de clavárselo en la pechera. La chaquetilla le sirvió de escudo protector, pero no pudo evitar que el menudo cuerpo del torero saltara por los aires; una vez en el suelo, desmadejado, el fiero animal lo buscó con saña, rozó con sus agujas la cabeza del torero y no pasó más porque el subalterno que echó su capote tenía cara de patrón de Navarra.

Se levantó hecho un guiñado, lo recogieron sus compañeros, convencidos de que iba herido, pero Román se deshizo de las manos que lo trasladaban a la enfermería y se dirigió con la mirada perdida hacia el toro. No había llegado a su jurisdicción cuando se desmayó, aunque pronto recuperó la consciencia para presenciar, con los brazos en alto, la muerte de su oponente. Román pasó a la enfermería, donde se le diagnosticó una conmoción cerebral que no le impidió salir a lidiar al sexto.

Muy complicado, brusco, con genio, agresivo y descompuesto en su incierta embestida fue ese toro tercero. El torero valenciano lo recibió de rodillas con una larga cambiada, continuó de hinojos y lo citó a la verónica, y ya enhiesto dio una gaonera y un farol; más variado, difícil. Cuando Román tomó la muleta, el toro le informó que no era de fiar, que guardaba tanto genio y brusquedad como poca clase y que se andara con cuidado. A pesar de todo, lo toreó con firmeza y sorteó las muchas dificultades con responsable entrega. Después, llegaría la cogida y el quite milagroso del santo de la ciudad.

Volvió a jugársela ante el sexto, otra prenda imposible para el toreo moderno, y solo el manejo erróneo del descabello le impidió redondear una tarde de torero heroico.”

Mundotoro

José Miguel Arruego

“Fue Román quien, con la frescura y el atrevimiento que le caracteriza se llevó el gato al agua. Su actitud y una escalofriante voltereta al entrar a matar a su primero, que le obligó a pasar por la enfermería, le reportaron la primera oreja para un matador en esta feria.

Fue en el entrepelado tercero, el mejor hecho del envío, cinqueño pasado, más bajo que sus hermanos, con la cara para delante, al que Román le cuajó de salida un variado surtido de lances iniciados con unas verónicas de rodillas. Empezó a medir el toro en el segundo tercio, donde quizá se quedó algo crudo, y a desarrollar sentido, defectos que acrecentó en la faena de muleta. El torero valenciano trató de aplicar firmeza a una acometida tan desabrida, que se fue complicando por momentos a pesar de que la actitud del torero ocultó un tanto las complejidades del animal. Mató al toro de una estocada de angustioso embroque de la que salió el torrero feamente prendido a la altura del pecho y la emoción del trance animó al público a pedir la oreja. La paseó jubiloso el torero antes de ingresar en la enfermería, aquejado de una fuerte conmoción.

Regresó Román de la enfermería en contra de la opinión de los médicos, para lidiar al cárdeno sexto, alto de agujas, montado, que se vino por dentro en los lances de recibo. Vino también muy vencido en los primeros compases de la faena. Toro complicado, que se quedo corto y repuso siempre a la altura de la cadera, aunque a ojos del público no terminó de enseñar su peligro. Estuvo muy decidido de nuevo Román, que estuvo a punto de ser cogido en varios pasajes de una obra de sinceridad máxima, porque el toro rebañó siempre. Por el pitón zurdo consiguió las dos series más relevantes de una faena coronada de estocada desprendida y dos descabellos.”

Aplausos

“La sincera entrega de Román cala en Pamplona

Sincera entrega de Román con el tercero de la tarde, un toro áspero que fue desarrollando complicaciones. Salió a por todas recibiendo al toro por verónicas de rodillas. Estuvo variado con el capote. Con la muleta estuvo muy valiente decidido con un toro incierto. Cerró con emocionates manoletinas. Se tiró a matar a por todas, siendo volteado en unos segundos de gran angustia. Tremendo volteretón. El toro cayó rodado. El público reconoció su entrega con una oreja. El valenciano pasó a la enfermería y salió para lidiar al sexto, un toro, como todo el encierro, de imponente arboladura. Román volvió a estar valiente y entregado en una faena que fue un toma y daca. Nunca se entregó el de Cebada. Brilló sobre todo una buena tanda al natural. Mató de buena estocada pero el toro tardó en rodar, esfumándose toda opción de trofeo.”

Aplausos

Paco Mora

“La tarde ha sido para el valenciano Román, que ha salido a revienta calderas dispuesto a dejarse la piel en el empeño. Ha plantado cara a sus dos toros.

Si hay una plaza que justifique por si misma la denominación del toreo como Fiesta de los Toros, esa es la de Pamplona. Primera corrida, tercer espectáculo y tres llenos hasta la bandera. Esa gran masa blanca jaspeada de rojo que son los tendidos de ese coso en San Fermín es la máxima expresión de la grandeza del toreo y de su incardinación en el espíritu del pueblo. Público alegre, sano, dispuesto a divertirse y que sabe conjugar el “ir a su bola” con el respeto a lo que sucede en el ruedo. Es la sublimación del espíritu recio y noble de los hombres y las mujeres de Navarra. Porque hay también muchos extranjeros, sí, pero, por aquello de “adonde fueres haz lo que vieres”, forman un bloque homogéneo con la reciedumbre de los navarros.

Hoy, la tarde ha sido para el valenciano Román, que ha salido a revienta calderas dispuesto a dejarse la piel en el empeño. Ha plantado cara a sus dos toros y en el primero, tras de sufrir una voltereta terrorífica al entrar matar con una entrega total, recetando una estocada ligeramente ladeada pero definitiva, el público pamplonica en pie le ha otorgado una oreja de valiente a carta cabal. En el último de la tarde, después de salir de la enfermería “bajo su responsabilidad”, se la ha vuelto a jugar como un galeote, y con un poco más de acierto con la tizona habría conseguido el trofeo necesario para abandonar la plaza en hombros por la puerta grande. Román sabe el camino del triunfo y está dispuesto a recorrerlo.”